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martes, 31 de agosto de 2010
lunes, 23 de agosto de 2010
MANÍA
Esta manía de estar enamorada de vos sin conocerte
Esta manía de vagabundear en círculo buscándote y fracasar
Esta manía de enredarme en la telaraña
de manos de tres dedos
de brazos de árboles castrados
de bocas mudas
de carbones no encendidos
solo por descubrirte
Esta manía de estar enamorada de vos y no encontrarte
¿Existís? Sé que existís; existís
Cuando llegues te reconoceré y será siempre primavera
porque custodiaré el sol en mi bolsillo
Esta manía de vagabundear en círculo buscándote y fracasar
Esta manía de enredarme en la telaraña
de manos de tres dedos
de brazos de árboles castrados
de bocas mudas
de carbones no encendidos
solo por descubrirte
Esta manía de estar enamorada de vos y no encontrarte
¿Existís? Sé que existís; existís
Cuando llegues te reconoceré y será siempre primavera
porque custodiaré el sol en mi bolsillo
jueves, 12 de agosto de 2010
BIEN MUERTITO

Estás muerto; bien muertito y enterrado. ¿Y entonces por qué? ¿Por qué ésta tortura a que me sometés todas las noches? Sabés que estuve dos años tratando de juntarte, articularte.., gastando frascos de engrudo. No lo logré y renuncié. Sabés. Sabés pero no te conformás. Apenas me acuesto y apago las luces, aparecés al lado de mi cama. No te veo, pero te siento allí y escucho tu respiración. Pasás tus manos como briza caliente, sobre mis ojos, mis labios, mi cabello y seguís por mi cuerpo hasta que ardo. Te vas un segundo antes que nazca el alba. Me preguntan la razón de mis ojeras y no puedo contestarles, que todas las noches me desposo con tu sombra. Tu sombra que no me alcanza para vivir. Estás muerto; bien muertito y enterrado. Necesito tu segunda muerte. Me encargaré.
miércoles, 4 de agosto de 2010
CASAS DESHABITADAS

Somos casas deshabitadas
pintadas por fuera para disimularlo
y así poder integrar la comparsa
escondidos detrás de las máscaras de la hipocresía.
En el carnaval de la vida fuimos aprendiendo
a reír si todos ríen
a llorar si todos lloran
porque de ésta humorada de vivir
ninguno quiere partir anónimamente
Marchamos al paso de un, dos, tres… un…
para no romper el ritmo de la comparsa
y quedar condenados a la soledad que nos aúlla
en nuestra casa deshabitada
viernes, 7 de mayo de 2010
INVISIBLE

Pintura: "invisible", acrílico sobre tela de mi admirada VANESA GIORDANO.
Le ha robado todo
menos la silla en la que está sentada
Sus hombros vencidos caen
empujando los brazos delgados
entre largas hilachas de pelo mustio
Sus manos se cruzan lánguidamente sobre la falda
sin nada que retener
No conserva ni el recuerdo de las risas
no emite gritos de protesta
y sus labios se van desdibujando
Sus pupilas dilatadas por la sal
observan las distancias recorridas
El ladrón fue el tiempo
y ella lo espera
sentada en su silla
para que termine su trabajo
miércoles, 14 de abril de 2010
EL ANILLO

Esa tarde Lucía tomó las llaves para ir al cumpleaños de su hermana. Antes de salir se encontró mirándose en el espejo. Se preguntó si la imagen que veía reflejada era ella: ojos sin brillo, piel reseca y dos arrugas profundas en el entrecejo. Con cuarenta años y éste aspecto, no es raro que esté sola (pensó), sola…sin un hombre.
Durante la reunión su hermana le presentó a Ernesto. Ernesto…un hombre quince años mayor que ella, que no sabía decir más que cuatro palabras juntas. Lucía sintió que no estaba en condiciones de ser pretenciosa y consintió salir con él al día siguiente. Lo hizo con el mismo desgano con el que poco después aceptó la propuesta de casamiento. Luego de un noviazgo corto se casaron. Dijeron el consabido: hasta que la muerte nos separe. Intercambiaron los anillos. No sabía por qué, pero Lucía se sintió una vaca vieja a la que estaban marcando a fuego. Se consoló pensando que ya no estaría sola. No se equivocó. Se instalaron en la casa de Ernesto. Lucía supo desde el primer día de casada tres cosas: que la madre de Ernesto había muerto hacía un año, que él podía decir más de cuatro palabras juntas (cuando hablaba de cuánto la extrañaba) y que ahora, en la casa vivían tres: Ernesto, la madre de Ernesto y ella.
Ernesto se marchó una semana por cuestiones de trabajo.Aprovechando la ausencia de su marido, Lucía se levantó tarde a prepararse el desayuno. Le dolía el dedo anular. Le costó encender la cocina. Cuando quiso tomar la manija del jarro con leche, el dolor se lo impidió. Miró su mano. El dedo estaba muy hinchado. Quiso sacarse el anillo y no pudo. Intentó ponerse jabón para deslizarlo hacia fuera y no pudo. El dedo se hinchaba cada vez más y se estaba poniendo negro. Del cajón de las herramientas tomo una pequeña cierra, para cortar el anillo. Lo único que consiguió fue lastimar el dedo. El anillo ya no se veía: se había escondido en la carne macilenta. El dedo se desgarró. Abrumada, solo atinó a tirarlo a la basura. Lívida alcanzó a sentarse en el sillón de la sala, donde colgaba el retrato de la madre de Ernesto. Cuando él volvió, su madre lucía un anillo de casamiento.
sábado, 3 de abril de 2010
SIETE DÍAS Y SIETE NOCHES

No me gustan los días:
Lunes, porque todos están apurados por salir de la casa, como si hubiera alerta de terremoto.
Martes, porque tengo dibujo con la señorita Carlota: a esa vieja gritona nunca le gustan mis dibujos. ¿Esperará que pinte como Picasso, el de los cuadros que vi en la tele? (me pregunto).
Miércoles, porque cuando hacemos gimnasia, mis compañeros me cargan porque me agito. ¿Y qué, si soy gordo? (me digo con rabia).
Jueves, porque mamá va a la sicóloga y, cuando vuelve, se va a dormir sin cocinar ni unas salchichas. Tampoco llama al delivery, como hace casi siempre. ¿Será que la sicóloga le cuenta historias tristes? (me pregunto).
Viernes, porque papá viene muy tarde y oigo a mamá gritarle: ¡sos un hijo de puta, y la mina con la que salís una perra! No la entiendo. A mí me prohibe decir palabrotas.
Sábados, porque mi amiga María se va a la quinta con sus padres y no tengo con quién jugar.
Domingos porque vienen los amigos de mis papás a comer asado. Las mujeres me besuquean, los hombres me palmean; después todos me ignoran. Es el día que más extraño a María.
Me gustan las noches:
De los lunes, porque nos vamos a acostar temprano, y tengo más tiempo para soñar despierto.
De los martes, porque sueño que al día siguiente tendré a la seño Silvia en la clase de dibujo: pintaré su retrato y me sonreirá con su boca y con sus ojos.
De los miércoles, porque sueño que mamá dejará de pedir comida al delivery, adelgazaré y seré el goleador en el partido de la clase de gimnasia.
De los jueves, porque sueño que a mamá la sicóloga le dará el alta y con la plata que le pagaba a ella se irá a la peluquería y papá llegará del trabajo y le dirá que está hecha una diosa.
De los viernes, porque sueño que papá y mamá vendrán temprano del trabajo y luego iremos a la pizzería de la esquina. Me dejarán comer “el permitido de la semana”, y hasta nos sacaremos una foto los tres, abrazados.
De los sábados, porque sueño que los papás de María se aburrirán de la quinta, la venderán y tendremos todo el día para jugar.
De los domingos, porque me acuerdo del sueño del sábado y vuelvo a soñar con María. Pero el sueño es distinto: no jugaremos, porque seremos grandes (aunque los grandes también juegan a las escondidas). Seremos novios y nos casaremos (si ella me promete que nunca tendremos hijos).
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